miércoles, 20 de febrero de 2019

El Culto de la Ignorancia

El Rincón de la Ciencia, Tecnología y el Conocimiento

Traemos esta publicación que nos parece de sumo interesante por hacer referencia a situaciones que se están dando no sólo en ese ámbito sino que se ven reflejadas en varias facetas de nuestra sociedad. El culto a la ignorancia, a lo fácil, a lo digerido. A no pensar, a que otros decidan. A valores degradados.

El Culto de la Ignorancia

«“La tierra es plana” grita un nuevo movimiento al que pertenecen grandes celebridades mundiales. “La tierra es plana” grita en las redes sociales y millones de personas les creen. El caso es un ejemplo paradigmático de nuestra cultura, una señal de los tiempos. Bastarían un par de sombras y un conocimiento mínimo de geometría para demostrar que la tierra no es plana, como lo demostró Aristarco de Samos hace miles de años. Pero no, nadie quiere saber de geometría. Es más fácil, más cómodo limitarse a experiencias tan inmediatas como limitadas: mirar el horizonte y señalar que es una línea recta, conducir un auto un par de kilómetros y decir que el suelo se siente plano. Estos paladines de la ignorancia llevan adelante su cruzada mediante memes y arengas. No razonan, no argumentan. La simpleza es su arma y su escudo. Son perfectamente inmunes a cualquier razonamiento que contraríen sus creencias y desprecian públicamente el conocimiento y la ciencia. Son el perfecto ejemplo de nuestro tiempo: nuestros debates no son un intercambio de argumentos sino de memes.
Ya no hay ideologías sino consignas. A la gente le da pereza entender algo mínimamente complejo. Es más fácil creer en una frase ingeniosa, en una consigna iracunda, en un concepto simple y simplista. Eso reconforta: nos hace creer que no tenemos que esforzarnos para entender el mundo. Nos hace imaginar que el mundo es simple y que podemos abarcarlo con una mirada. Pero el mundo es complejo, la realidad se resiste a parecerse a nuestras creencias. No basta una primera mirada para entender lo que nos rodea. Es necesario pensar, escudriñar, imaginar y equivocarse. Nadie quiere equivocarse. Queremos que el mundo sea simple y sea como imaginamos que sea. Si no lo es, peor para él. Nosotros ya nos acomodamos en nuestra postura y si alguien se atreve a refutarla alegamos que cada cual puede creer lo que quiera. Admitimos nuestra incapacidad para cuestionarnos como si fuera una virtud. Nos sentimos orgullosos de la ignorancia. El simplismo es tan fácil, tan cómodo, tan seductor, que se propaga rápidamente en la cultura mientras los razonamientos más complejos son vituperados o ignorados por comodidad.
Lo importante ya no es descubrir la verdad sino tener la razón y tiene la razón quien sea más popular, quien haga reír, hable más duro, quien afirme algo simple y se sienta seguro de ello, aunque sea falso; no quien señale que el mundo es complejo y que sepa que no puede estar seguro de lo que dice, no quien señale una duda incómoda. La gente no es capaz de lidiar con la incertidumbre. La certeza, por falsa que sea, produce una anestésica sensación de seguridad, de triunfo. Pensar es dudar y por eso el que piensa pierde. La gente prefiere sentirse segura y tener una respuesta clara, simple directa; no importa que sea falsa.
La gente quiere certezas y el pensamiento ofrece dudas. La ciencia siempre ofrecerá preguntas y conjeturas provisionales, mientras gente quiere respuestas definitivas. Esa no es una debilidad de la ciencia, es su fortaleza. Pero es precisamente lo que hace sentir vulnerable a la gente que necesita certezas. Por ello están dispuestos a seguir a cualquiera que dice que tiene respuestas, compran sus libros, les pagan diezmos o conferencias. Lo mismo da si es religión, pseudociencia, ideología, receta de vida o lo que sea: Basta con que alguien diga que tiene respuestas para que encuentre quién lo siga. En ese mundo de certezas simples se hace de mala educación hacer preguntas, porque el que pregunta, piensa y no necesitas pensar cuando ya tienes todas las respuestas.
Me atrevo a suponer que la mayor amenaza que enfrenta la humanidad no es la guerra, el hambre, las enfermedades; me atrevo a suponer que es el culto a la ignorancia, que es convertir la estupidez en virtud. Eso es lo que lleva a multiplicar las enfermedades, el hambre, la guerra. Me atrevo a suponer que es esta la mayor amenaza, pero no me atrevo a afirmarlo. La realidad siempre es más compleja de lo que parece y pretender resumirla en una frase es ingenuo».
Carlos García